Para empezar me gustaría presentarme, soy Samuel y pasé mis primeros 18 años en una ciudad al norte de Granada, una ciudad fría dónde casi todos los años nieva (al menos 2 veces), tuve una infancia que considero normal, ni mejor ni peor, fui feliz pero también había demasiadas cosas que no entendía a mi alrededor. Estudié un bachillerato de ciencias, al principio más por las salidas que por el hecho de llegar a conocer la ciencia y su aplicación, más tarde sin embargo me gustaba lo que hacía y lo que estudiaba. Sin embargo el último año antes de la universidad oí hablar de una carrera: Traducción e Interpretación. Una carrera cuya nota era alta, muy alta. De hecho entré con la nota de corte (7,83 para los curiosos) en la convocatoria de Junio de 2009. Así que hice las maletas y me vine a vivir a Málaga, tenía muchísimo miedo al principio (como supongo que les habrá pasado a todos los estudiantes al "dejar el nido"). "Mola la carrera" pensé al principio. Desde siempre los idiomas me habían llamado la atención, siempre había querido poner comunicarme con cualquier persona en este mundo, lo consideraba tan importante y aún hoy día lo hago. Si no nos podemos comunicar con otra persona, ¿qué nos queda?
Me acuerdo de una pregunta que le hice cuando era pequeño a mi padre:
- Papá ¿y si mi media naranja es una china? ¿cómo lo hacemos?
Creo que desde ese momento o incluso desde antes, esta carrera y el conocer la mayoría de idiomas para poder comunicarse con la mayor parte posible de la gente era mi objetivo.
Ya son 2 años los que llevo en Málaga estudiando y no lo cambiaría por nada del mundo y el principal motivo de que no quiera cambiarlo es la gente, mis amigos. He hecho amigos verdaderos, no compañeros de esos que dentro de unos años verás y girarás la cara con el hecho de no tener que explicar mucho como te va la vida. He conocido personas que ya están en mi corazón y que hay se van a quedar siempre.
Esta ciudad ahora mismo no la cambiaría por nada.... o puede que sí.

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